La Argentina de Fernández y Fernández

América Latina, también a través del voto argentino, trata de renovarse sabiendo muy bien que su fuerza reside en una unitaria alternativa política, económica, social, cultural. No será fácil. Existen muchos riesgos. Pero el camino se empieza a delinear. Las distintas realidades sociales están en movimiento. Son visibles y se hacen escuchar.
scritto da GRISELDA CLERICI

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Bajo el ruido ensordecedor de las bocinas, en un contexto caracterizado por una imponente participación popular y por un escenográfico flameo de banderas argentinas fue definitivamente sepultada la experiencia del gobierno neoliberal de Mauricio Macri. Formalmente el ejecutivo del presidente que perdió la elecciones del 27 de octubre conservará su cargo hasta el próximo 10 de diciembre. Y éste período será particularmente delicado a raíz de las nerviosas reacciones de los mercados financieros, de los bancos y de las mismas empresas de País. Pero políticamente el último gobierno argentino será archivado como uno de los peores, tal vez el peor, de la reciente historia democrática de Argentina.

Los datos económicos son implacables y asombra increíblemente que parte del mundo europeo, incluso en sectores de izquierda, haya dado de alguna manera confianza a esta experiencia en los últimos años. Años en los que se ha triplicado la pobreza. El presidente de Cáritas argentina, monseñor Carlos Tissera, ha definido “doloroso y vergonzoso” ese 35,4% de pobres en una tierra de 45 millones de habitantes que produce alimento para 400 millones de personas, el granero del mundo. El PIB registró una caída del 3,1% en el 2019 y en el 2020 está previsto otra cifra negativa (1,3%). Cuando Macri ganó las elecciones en el 2015 para comprar un dólar eran necesarios 9 pesos, hoy son necesarios más de 60. La inflación es del 55%.

Digámoslo claramente: la receta neoliberal en Argentina fue un fracaso que llevó el País al desastre. Esta situación unida a una cultura regresiva y autoritaria completaron el dramático cuadro. Apoyado abiertamente por sectores de la sociedad que aún conservan nostalgia de la dictadura y del puño de hierro de los militares, por las potentes familias latifundistas y por sectores del mundo financiero con la propensión a las ganancias fáciles, Macri empobreció también el terreno donde se cultivaban los derechos humanos y democráticos.

Observando la geografía del voto resaltan las diferentes extracciones sociales de los electores.

La coalición de “Juntos por el Cambio”, que sostuvo el actual presidente, se consolida en una franja central que se extiende desde la provincia de Mendoza hasta el Río de la Plata. Es la zona donde viven los sectores más adinerados del País, representados en manera particular por la figura del grande terrateniente que construyó su riqueza gracias a las políticas de exportación de los productos agrícolas y de la carne. Y otro suceso esta coalición la obtuvo en el centro rico de Buenos Aires gracias a su intendente, Horacio Rodríguez Larreta.

Existe quien duda que Macri pueda festejar esta victoria visto que Larreta podría llegar a ser el nuevo líder de la coalición “robándole” el lugar al presidente derrotado.

El “Frente de Todos” gana las elecciones argentinas. Cristina Kirchner jugó esta competición electoral generosamente ocupando el lugar de vice y como vice se transformará en presidente del Senado donde su formación es mayoritaria. La intuición política de no poner en peligro su candidatura a premier tuvo el mérito de ampliar el consenso y de unir gran parte del frente peronista.

Fernández, el fraterno jefe de gabinete de Nestor Kirchner, será por lo tanto el nuevo presidente. Los peronistas se afirman hasta ahora con el 48% distanciando de 8 puntos los adversarios. Pero la falta de escrutinio en algunas mesas y el recuento definitivo llegará dentro de unos días y, según algunos observadores, podría incrementar la diferencia a 10 puntos visto que estas dos operaciones conciernen principalmente la provincia de Buenos Aires donde la coalición vencedora se afirmó con números mucho más contundentes respecto al resto del País y donde fue elegido como gobernador Axel Kicillof, el ex responsable de la economía del gobierno de Cristina.

El resultado oficial ratificará la definitiva representación parlamentaria y podría garantizar una mayoría más favorable para no tener que soportar complejos compromisos y para poder llevar adelante una política alternativa. Respecto a las Paso de agosto hubo un crecimiento de la formación macrista a raíz de un voto antiperonista. Votos que han llegado de otras formaciones en contra de la fórmula Fernández-Fernández con la intención desesperada de evitar o limitar la derrota. Ha sido una larga y áspera campaña electoral que ha producido divisiones profundas y fuertes conflictos en la sociedad del país sudamericano. La polarización social de Argentina se reprodujo análogamente en las alineaciones electorales.

Para comprender mejor el clima electoral se puede citar un episodio que se verificó pocas horas después del voto. La responsable de la programación general de los eventos presidenciales, Cecilia Negro Farrell, difundió en las redes sociales lo que para ella, y evidentemente no sólo para ella, era una especie de “identikit” del elector de la coalición vencedora. Un mono que “elige” la jaula y las bananas que le dan porque es incapaz de construirse autónomamente un futuro. Es la ya habitual y aburrida polémica sobre el presunto asistencialismo. Este mensaje humillante fue difundido ampliamente en las redes por los macristas.

Un lenguaje que deja crudamente en evidencia el violento desprecio por las clases más pobres, una especie de racismo social que es a menudo la orientación cultural de una pequeña y media burguesía argentina firmemente contraria a cualquier tipo de emancipación social de las clases más necesitadas. Una dolorosa herida en un País que posee una vasta y profunda tradición en el campo de la psicoanálisis. Ahora la tarea para los vencedores es realmente difícil y compleja. Tienen un espacio de maniobra muy estrecho a raíz de la necesidad de cambiar rotundamente la política económica y social del País. Por un lado interviniendo en manera drástica contra la pobreza y las grandes disparidades sociales y por el otro tratando de defenderse de la potencial especulación financiera y de la inestabilidad de los mercados.

Alberto Fernández está trabajando para lograr este arduo equilibrio ya desde la victoria de las Paso tratando de tranquilizar los ambientes económicos y negociando con el Fondo Monetario Internacional las modalidades de restitución del préstamo de 57 mil millones de dólares que fueron otorgados bajo la presidencia de Macri. Incluso porque las “reservas” argentinas, dejando de lado aquellas ya utilizadas, parece no superen los 10 mil millones de dólares. El Banco central ha ya decretado una compra máxima de doscientos dólares al mes para quien posee una cuenta bancaria y de sólo cien dólares para quien los compra al contado.

Es evidente que el horizonte del nuevo gobierno será aquel de recuperar recursos consistentes que Macri había concedido a las clases más altas. Esto será necesario para volver a alimentar una dinámica más enérgica en el ámbito de los consumos y de las actividades productivas en general. En Europa y sobre todo en Italia, incluso en áreas de izquierda, el peronismo, también el más reciente, ha sido descripto como sinónimo de populismo capaz de producir un fuerte asistencialismo y un exagerado desembolso en ámbito social. Pero la historia del kirchnerismo, observando los datos reales, habla de otra cosa y sería hora de empezar a dejar de lado ciertos estereotipos.

El primer default argentino en el 2001 se produce bajo la presidencia de Fernando de la Rúa del partido Radical que huyó pávido en helicóptero de la Casa Rosada. Tocará a Nestor Kirchner volver a levantar, después de tantos esfuerzos y sacrificios, la economía argentina y a volver a dar un poco de bienestar social. A pasos del precipicio esta vez llegó el ultra liberalista Macri. Sostenido por su fe en la política económica del rigor y por su credo antifeminista, justamente en el País donde ha nacido el movimiento “Ni una menos”, describió de éste modo la política de sus adversarios:

Es como si le dieras la tarjeta de crédito a tu mujer, ella gasta y gasta…y un día vienen a hipotecar tu casa.

Y la opinión sobre su orientación económica por parte de dos grandes economistas como Paul Krugman y Joseph Stiglitz es tranchant. Krugman piensa que Macri sea “un idiota que no entiende nada” y Stiglitz sostiene que antes de su llegada el País se encontraba económicamente en buenas condiciones sobre todo por lo que concierne la deuda externa, en el precedente gobierno más baja, hoy altísima.

La historia del kirchnerismo es la historia de una profunda innovación del peronismo. Es una mezcla de arraigadas políticas de izquierda con una buena dosis de pragmatismo, de realismo. Detrás de la acusación de asistencialismo se esconde un puro desconocimiento de las políticas keynesianas de welfare state. Esos comentarios ácidos y destructivos por parte de algunos exponentes del viejo continente no entienden la evolución innovadora, el arraigamiento social y popular, la recuperación de la memoria histórica y democrática que el kirchnerismo ha producido en estos años.

El debate en Argentina sobre la política económica es un debate amplio y popular. Culto y evolucionado. Las energías invertidas en la política cultural, en las conquistas sociales, en los derechos humanos no es fruto de simplificaciones de argumentos complejos como lamentablemente sucede en Europa. Han sido rediseñados fuertes valores que han alimentado una pasión popular sostenida por un crecimiento cultural en un País que posee el más grande número de librerías y un índice muy alto de lectura.

Tal vez no se logre ver las novedades de éste voto porque en Italia nos encontramos sumergidos por una hegemonía cultural de las derechas más extremas, por el racismo desbordado, por un analfabetismo que regresa y crece, por las disparidades sociales. Pero, además, sin tener todavía una alternativa creíble para reconstruir la sociedad.

América Latina se encuentra en fermento. Las forzosas recetas neoliberales y autoritarias han hecho explotar una verdadera rebelión social y democrática. En el Chile del conservador Piñera, el País con las más grandes diferenciaciones sociales, los militares vuelven a mostrar el rostro brutal de la represión. Pero la protesta no se detiene. En Uruguay las fuerzas de izquierda que se encuentran aventajadas se la jugarán en el balotaje contra la derecha. El viejo presidente José Mujica vuelve al Senado con el número más alto de votos entre los parlamentarios. En Brasil todos han podido constatar en que manera el reaccionario Bolsonaro pueda llegar a perjudicar no sólo la población de su País sino también el mundo entero con su peligrosa política de devastación de Amazonia. Muchas otras realidades de la región tratan, a través del conflicto social, de construirse un espacio de sustentabilidad política, cultural y ambiental. Quien se había confiado de Trump, desde el mismo Macri a Bolsonaro, ha tenido que hacer las cuentas, pagando personalmente, con el cínico soberanismo, y a la larga perdedor, del presidente norteamericano.

Hoy América Latina, también a través del voto argentino, trata de renovarse sabiendo muy bien que su fuerza reside en una unitaria alternativa política, económica, social, cultural. No será fácil. Existen muchos riesgos. Pero el camino se empieza a delinear. Las distintas realidades sociales están en movimiento. Son visibles y se hacen escuchar. Desde qué púlpito podemos permitirnos de mirar con suficiencia e infundadas convicciones estos acontecimientos?

La Argentina de Fernández y Fernández ultima modifica: 2019-11-01T15:04:48+01:00 da GRISELDA CLERICI

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